martes, 1 de julio de 2008

¿?

"Mi único diálogo verdadero es con este jarrito verde".
Estudiaba el comportamiento extraordinario del mate, la respiración de la yerba fragantemente levantada por el agua y que con la succión baja hasta posarse sobre sí misma, perdido todo brillo y todo perfume a menos que un chorrito de agua la estimule de nuevo, pulmón argentino de repuesto para solitarios y tristes. Hacía rato que le importaban las cosas sin importancia, y la ventaja de meditar con la atención fija al jarrito verde estaba en que a su pérfida inteligencia no se le ocurría nunca adosarle al jarrito verde nociones tales como las que nefariamente provocan las montañas, la luna, el horizonte, un chica púber, un pájaro o un caballo.
"También este matecito podría indicarme un centro".